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El impacto de la civilidad en el liderazgo moderno: Lecciones de la vida cotidiana

  • 2 jul
  • 3 min de lectura


Ale Marroquín | Consultora en imagen

El otro día acudí a la embajada americana a tramitar la visa de mis hijos; un trámite que todos sabemos lo estricto y complejo que puede llegar a ser. Llegamos muy temprano con la documentación requerida, solo para darnos cuenta al inicio de la fila que, debido al bloqueador de señal dentro de las instalaciones, el código QR de nuestra hoja de confirmación no cargaba en el celular. Para solucionarlo de inmediato, nos indicaron que debíamos acudir a un centro de servicios digitales y copiado de la zona (estilo Office Depot) para llevarlo impreso en papel.


Al entrar al establecimiento, que estaba lleno de solicitantes en la misma situación, el encargado nos advirtió de manera bastante cortante que la tarifa por usar la terminal exprés no incluía ningún tipo de asesoría técnica. Una vez frente a la pantalla, el sistema se trabó un poco y me costó trabajo ubicar la sección de descargas. Le pedí una indicación rápida al empleado, quien simplemente me dijo que continuara hacia abajo sin mirarme. Momentos después, una señora de la tercera edad a mi lado le hizo exactamente la misma pregunta porque no sabía cómo abrir su correo, y él simplemente la ignoró.


Entiendo perfectamente que el empleado debía atender a más personas y que no puede detenerse a enseñar el paso a paso a cada cliente. Sin embargo, era una duda muy sencilla de resolver. Mientras mi marido terminaba de imprimir nuestros papeles, me tomé un minuto para ayudar a la señora a descargar su archivo antes de marcharnos. Salimos rápido y contentos, y estoy segura de que ella también sintió un gran alivio. Apoyar a otros es un acto de civilidad básica, una cualidad que parece irse perdiendo entre las prisas, las multitudes y la falta de actitud de servicio en el día a día.


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El impacto de la civilidad en el liderazgo moderno

En el entorno profesional actual, el verdadero liderazgo se proyecta a través de la consideración, la etiqueta y el respeto hacia los demás. Pregonar con el ejemplo provoca que el entorno responda de forma positiva, eliminando tensiones, gritos o desconsideraciones innecesarias. Un líder de alto nivel deja de ignorar a quienes lo rodean y equilibra el tiempo que pasa frente a la pantalla del celular para conectar de manera humana con su equipo.


Cuando la civilidad falla en las organizaciones, es común cometer errores que desgastan el clima laboral. Un liderazgo deficiente se hace evidente en conductas que a veces se normalizan pero que fracturan la confianza, tales como:

  • Ser invasivos con el espacio ajeno: Realizar preguntas demasiado personales o tomar herramientas de trabajo sin pedirlas prestadas.

  • Ignorar al entorno: Entrar a la oficina o al edificio corporativo sin saludar al personal de seguridad o de recepción.

  • Falta de reconocimiento básico: No dar las gracias al recibir un informe o no apreciar el esfuerzo de los colaboradores y subordinados.

  • Desprecio por el tiempo de los demás: No llegar a tiempo a las reuniones, asumiendo de forma egoísta que solo nuestro tiempo es valioso.


Las 25 reglas de conducta para un liderazgo de alta influencia

En su libro “Choosing Civility”, el Dr. P.M. Forni menciona 25 reglas esenciales de consideración y buena conducta. El dominio de estas acciones es lo que verdaderamente consolida las habilidades directivas y la capacidad de un profesional para desenvolverse con éxito en el mundo de los negocios. Para fortalecer tu perfil directivo, te invito a repasar estas pautas:

  1. Poner atención: Escuchar de forma activa y estar presente.

  2. Reconocer a otros: Validar la presencia y el esfuerzo de tu equipo.

  3. Pensar lo mejor: Evitar asumir malas intenciones de entrada.

  4. Incluir a otros: Fomentar la diversidad y la colaboración.

  5. Hablar con bondad: Cuidar el tono y las palabras al dar retroalimentación.

  6. No hablar mal de los ausentes: Mantener la lealtad y la ética profesional.

  7. Aceptar cumplidos y respetar el "no" sutil: Conducirse con asertividad y diplomacia.

  8. Respetar el tiempo y espacio de los demás: Evitar interrumpir o invadir la agenda ajena.

  9. Evitar quejas innecesarias y asumir responsabilidades: Un gran liderazgo busca soluciones y asume las consecuencias en lugar de culpar a otros.


Si decidimos practicar e integrar tan solo una de estas habilidades en nuestro día a día, contribuiremos a crear un espacio corporativo mucho más armónico. La civilidad siempre hablará de quiénes somos como profesionales capaces de relacionarse desde el respeto, la responsabilidad y la empatía.

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